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1.1. Pueblos indígenas y afrodescendientes de América Latina:
Un perfil de las desigualdades sociales


La discriminación en relación a la población indígena y afrodescendiente penetra de tal manera las estructuras sociales de los Estados latinoamericanos que se torna imprescindible enfrentarla aún cuando se trata de establecer un perfil demográfico de estos grupos. Incluir un enfoque étnico en los censos y estudios de ámbito nacional no es habitual en varios países, aunque en los últimos años la constante presión de los movimientos y organizaciones sociales haya resultado en cambios positivos de este escenario. Según datos del Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía - División de Población de la Comisión Económica para la América Latina y el Caribe (Celade), en 16 países del continente los censos nacionales incluyen preguntas que permiten identificar a la población indígena(1). En cambio, los afrodescendientes son identificados únicamente en 6 países(2).

Por esta razón y porque la metodología de identificación es variable, podemos apenas referirnos a estimativas sobre el total de la población indígena y afrodescendiente en América Latina.

En distintos documentos preparados por especialistas, el Celade menciona cifras estimadas de alrededor de 30 millones de indígenas y 120 millones de afrodescendientes viviendo en el continente. Representarían, respectivamente, el 6% y el 23% del total de latinoamericanos. Sin embargo, hay estimativas de que la presencia de estos grupos sea aún mayor.

La distribución de esta población varía de país a país. Los países que tienen mayor presencia indígena son Bolivia (62.2% del total de la población), Guatemala (41%) y Perú (32%). En posición intermedia están Panamá (10%), Nicaragua (8,6%), Honduras (7%), Ecuador (6,8%) y México (6,4%)(3). Los Estados latinoamericanos reconocen oficialmente que existen 642 pueblos indígenas(4).

Entre los países donde es posible contabilizar mayor presencia de la población de origen africana, Brasil es el que registra el mayor porcentaje: alrededor del 45% de la población se declara afrodescendiente. En Cuba suman el 34.9%; en Colombia el 10.6% y en Ecuador el 5.5%.

Aunque no existan estadísticas que puedan mensurar el total de la población indígena y afrodescendiente en América Latina, datos seleccionados por distintos estudiosos constatan la extrema desigualdad entre éstas y la población blanca del continente. Tanto indígenas como negros se ubican, en general, en los estratos más pobres de la región y presentan peores indicadores sociales que los registrados para la población blanca.

La proporción de personas pobres o indigentes es invariablemente mayor entre la población indígena. El número de personas que viven por debajo de la línea de la indigencia (1 dólar al día) es superior a tres veces entre los indígenas de México, casi seis veces superior en Panamá y casi ocho veces superior entre los indígenas del Paraguay(5).

El nivel salarial de los trabajadores de origen indígena es también, en general, bastante inferior al del resto de la población. En México, cerca de 51% de la población recibe el equivalente a dos sueldos mínimos. Este índice sube a 81% entre los indígenas mexicanos(6).

La mortalidad infantil es mucho más alta entre los pueblos indígenas que para el resto de la población en todos los países latinoamericanos. En Panamá, el número de niños que mueren antes de cumplir 1 año de vida es tres veces superior entre los indios. En Costa Rica y en Paraguay, los índices de mortalidad de los indios son casi dos veces superiores. En el caso paraguayo, de cada mil niños nacidos vivos, 79 mueren durante el primer año de vida(7).

Los niños indígenas padecen más con el hambre. Un estudio realizado por la Naciones Unidas en 2005, demuestra que en Bolivia, Ecuador, Guatemala y Perú, la incidencia de desnutrición crónica en niños indios menores de cinco años es el doble que la que se registra entre niños blancos(8).

Los indicadores socioeconómicos de los afrodescendientes son tan alarmantes cuanto. Más del 87% de la población negra de Nicaragua vive por debajo de la línea de pobreza. Entre los blancos el índice es del 69%. En Brasil, cerca del 45% de los afrodescendientes viven con menos de 2 dólares al día, más del doble del índice registrado para la población blanca(9).

El desempleo también afecta más a los descendientes de africanos en el continente. En Colombia, el índice de desempleo de los trabajadores de origen afro alcanza el 42%(10). El desempleo afecta especialmente a las mujeres afrodescendientes. En 2006, en Brasil, el índice de mujeres desempleadas de origen africana llegaba al 12.5% y, en Ecuador, al 13.4%. En cada uno de estos países, el porcentaje de mujeres blancas desempleadas era del 9.7% y del 10.1%, respectivamente(11).

Las tasas de mortalidad infantil igualmente son más altas entre los negros que para el total de la población en distintos países. De cada mil niños nacidos vivos en Ecuador y en Brasil, 25 mueren antes de cumplir 1 año. Este número sube a 33 entre los bebés ecuatorianos afrodescendientes y a 38 entre los brasileños afrodescendientes(12).

Asimismo, los afrodescendientes tienen menos acceso a viviendas de calidad. En Nicaragua, solamente el 68.2% de la población negra consume agua potable, en contraposición al 86.5% del resto de los nicaragüenses. Cuando se considera el acceso a redes de aguas negras, la diferencia es aún mayor: únicamente el 30% de los nicaragüenses afrodescendientes habitan en viviendas con estas condiciones, contra el 63% para el resto(13). En Colombia, 82% de los afrodescendientes viven en casas que no cumplen los requisitos básicos de saneamiento o abastecimiento de energía eléctrica(14).

Ante este escenario signado por la exclusión y la negación de los derechos de la población indígena y afrodescendiente, el discurso que adoptan Estados y organizaciones ha sido, muchas veces, dar énfasis a la inversión en educación para superar las brechas conocidas y aquí esbozadas entre blancos, negros e indígenas. Tal discurso centra su enfoque en la percepción, comprobada estadísticamente, de que hay una relación directa entre las oportunidades educacionales y algunos de los problemas analizados, por ejemplo, el de la mortalidad y la desnutrición infantil.

De otra parte, es necesario llamar la atención para el hecho de que la suma de los esfuerzos educacionales de una nación no pueden per se superar las desigualdades señaladas aquí, puesto que sus orígenes son múltiplos y estructurales. O sea: aunque los efectos de la inclusión educacional sean positivos en relación a los demás indicadores sociales, es necesario articular las políticas educacionales a las demás políticas sociales y económicas, comprometiéndose a revisar los problemas estructurales que eternizan las desigualdades.

Por consiguiente, se requiere que haya una actuación positiva de parte de los Estados latinoamericanos en lo que se refiere a la educación y a la superación de las desigualdades de origen étnica y racial, puesto que el sistema educacional latinoamericano refleja y reproduce la discriminación contra los pueblos originarios y de origen africana. Aunque de forma limitada, sea por el abordaje o por el alcance de los estudios (que raramente logran reunir datos de más de seis o siete países de la región), los indicadores estadísticos del sector educacional comprueban esta afirmación.



1.2. Poblaciones indígenas y afrodescendientes en América Latina:
Un perfil de las desigualdades en el ámbito educacional


Datos de la Cepal citados en el documento Panorama Social de América Latina 2007, demuestran que la diferencia entre blancos y no-blancos se expresa en el acceso al sistema educacional formal. Según el documento, mientras la tasa de matrículas en la primaria llega al 93% entre los habitantes blancos de siete países (Brasil, Chile, Ecuador, Guatemala, Nicaragua, Panamá y Paraguay), este porcentaje baja al 85% cuando se trata de niños indígenas y afrodescendientes.

En lo que se refiere a la población afrodescendiente, se constata una aproximación entre los índices de acceso y permanencia en la escuela en los primeros grados en países como Honduras y Guatemala. Sin embargo, en otros países diferencias significativas persisten, especialmente cuando se incluye en el análisis la variable urbano/rural. En ambos casos, Brasil y Ecuador, dos de los países en los que tienen presencia significativa los afrodescendientes, son ejemplos negativos(15).

El porcentaje de jóvenes (entre 15 y 19 años) brasileños negros que viven en zonas urbanas y que finalizaron la enseñanza primaria se aproxima del 85%. Entre los demás jóvenes urbanos, este índice alcanza más del 93%. Cuando se comparan estos datos a los de la población rural, la brecha aumenta asustadoramente: el 59% de los afrodescendientes concluyeron la enseñanza primaria, mientras ese índice se eleva al 77% en el resto de la población. En la zona rural ecuatoriana, los índices se asemejan: el 63% y el 76%, respectivamente(16).

Cuando se analizan los datos del analfabetismo, la deuda histórica de los sistemas educacionales con la población afrodescendiente se hace evidente. En Brasil, los índices de analfabetismo entre los jóvenes y adultos negros andan por el orden del 15%, lo que contrasta con el 6% que se registra entre los blancos. En Colombia, un estudio del Banco Mundial constata que el analfabetismo entre los afrodescendientes es el doble de aquel que se registra entre la población blanca(17).

A pesar de que algunos países alcanzaron un nivel de acceso a los primeros grados de educación menos desigual, cuando nos volvemos hacia los niveles más avanzados del sistema educacional formal, las estadísticas dejan ver que la desigualdad tiene base étnica. En Perú, datos del Banco Mundial demuestran que menos del 2% de los adultos afrodescendientes tienen título universitario, frente a un promedio nacional de casi el 9%(18). En Ecuador, esta proporción es del 12% entre los afrodescendientes y del 16% entre el resto de la población(19). En Brasil, únicamente el 23% de la población universitaria es afrodescendiente(20).

La situación de la población indígena es aún más alarmante. Datos compilados en 16 países latinoamericanos por la Cepal(21), demuestran que los indígenas presentan tasas significativamente más bajas de conclusión en todos los ciclos de enseñanza. Cuando se hace un recorte urbano o rural, los números son taxativos.

En el ciclo primario, la tasa de conclusión es del 88.3% de la población indígena urbana de estos 16 países y 65.8% de la población rural. Comparativamente, la tasa es del 94.5% entre los no indígenas que viven en zonas urbanas y del 80.2% entre los no indígenas que viven en zonas rurales.

La diferencia es aún superior en el ciclo secundario. Solamente el 43.4% de los indígenas que viven zonas urbanas concluyen este ciclo de aprendizaje, frente al 56.7% de los no indígenas. En las zonas rurales, la tasa de conclusión es del 17.4% de los indígenas y 21.2% de los no indígenas.

Finalmente, solamente el 0.5% de los indígenas que habitan en zonas rurales concluyen el ciclo terciario. De los no indígenas, el porcentaje es diez veces superior.



1. Visibilidad estadística de La Poblaición Afrodescendiente en América Latina: aspectos conceptuales y metodológicos (versión preliminar). CEPAL, 2008a.
2. Idem.
3. Datos del Celade calculados a partir de los datos de la rodada 2000 de censos nacionales.
4. Documento de proyecto: Pueblos indígenas y afrodescendientes de América Latina y el Caribe: información sociodemográfica para políticas y programas. CEPAL, 2005
5. Panorama Social de América Latina 2006. CEPAL, 2006
6. Documento de proyecto: Pueblos indígenas y afrodescendientes de América Latina y el Caribe: información sociodemográfica para políticas y programas. CEPAL, 2005
7. Panorama Social de América Latina 2006. CEPAL, 2006
8. Idem.
9. Estado actual del cumplimiento de los derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales de la población afrodescendiente en América Latina (versión preliminar). CEPAL, 2008b
10. Idem.
11. Idem.
12. Documento de proyecto:Pueblos indígenas y afrodescendientes de América Latina y el Caribe: información sociodemográfica para políticas y programas. CEPAL, 2005
13. Idem.
14. Estado actual del cumplimiento de los derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales de la población afrodescendiente en América Latina (versión preliminar). CEPAL, 2008b
15. Estado actual del cumplimiento de los derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales de la población afrodescendiente en América Latina (versión preliminar). CEPAL, 2008b
16. Idem.
17. Idem.
18. Idem.
19. Idem.
20. Panorama Social de América Latina 2007. CEPAL, 2007
21. Idem.