Alfabetización para todos: un desafío de millones Mundialmente, se estima que más de 800 millones de personas adultas no son alfabetizadas. Del total de 1,6 mil millones que se encuentra en situación de pobreza, más de la mitad no es alfabetizada. En América Latina, cerca de 35 millones de personas de 15 años o más se consideran analfabetas. Esto quiere decir que para cada 100 latinoamericanos jóvenes y adultos, 10 no saben ni leer ni escribir (el 10,3º%). Sumados a los que no pudieron completar sus estudios de educación primaria, este número asciende a 24 millones de personas. En las últimas décadas, observamos en América Latina avances significativos de la expansión de sistemas educativos y de la reducción de los niveles de analfabetismo, pero todavía son alarmantes las desigualdades para acceder y compartir prácticas culturales y conocimientos socialmente valorizados. Hablar de la dimensión cuantitativa del analfabetismo en América Latina nos da a conocer el panorama social y educacional de la región e indica cuán lejos estamos de garantizar la Educación para Todos hasta el año 2015, compromiso contraído en acuerdos internacionales y planes educacionales por los gobiernos de los países de la región. Demuestra también que, sobre todo, estamos lejos de atender a las demandas sociales por una educación de calidad para todos, a favor de las personas que tienen derecho a esta educación. El fenómeno social del analfabetismo plantea una relación compleja entre la educación y la situación social de los países de América Latina. Está directamente vinculado a las desigualdades sociales y económicas, dice respecto a los modelos de desarrollo económico y social vigentes, a las dinámicas políticas, a los procesos históricos y a las metas de la educación escolar en los países de la región. El analfabetismo y la falta de posibilidad de ingresar y mantenerse en procesos educativos están relacionados, de tal manera, a la distribución de poder y de oportunidades en la sociedad y nos muestran la exclusión de millones de personas. Panoramas desiguales América Latina es una región donde hay una gran diversidad territorial, cultural, política y económica. Esta heterogeneidad se manifiesta también en las estadísticas de la alfabetización. El 10,3% de los adultos latinoamericanos no son alfabetizados, pero esa cifra cambia de país a país. En Honduras, El Salvador y Nicaragua, por ejemplo, este índice es dos veces mayor que el promedio regional (cerca del 20%). En Guatemala, es tres veces mayor (cerca del 30%) y en Haití comprende a la mitad de la población. Ya en Chile, Uruguay, Argentina y Cuba este índice es bastante más reducido, cerca del 4%. Los números del analfabetismo nos alertan para el hecho de que factores generacionales, socioeconómicos, geográficos, de género y étnicos que se mezclan, produciendo acentuados desniveles de acceso a la escolaridad y a la alfabetización, afectan las oportunidades educacionales para la población joven y adulta. Estos problemas surgen de diferentes formas según el país, pero, de manera general, los segmentos en situación de mayor vulnerabilidad social son aquellos que manifiestan los mayores grados de marginalización y de exclusión educacional. Factor generacional Si comparamos el analfabetismo adulto (población de 15 años y más) y el analfabetismo joven (población de 15 a 24 años) observamos una tasa de analfabetismo bastante menor en ese último grupo. En Guatemala, República Dominicana, Panamá y Venezuela el índice de analfabetismo de la población de 15 años y más (el 30.9%, el 13%, el 8.1% y el 7%, respectivamente) representa casi el doble cuando comparado a la población de 15 a 24 años (el 17%, el 5.8%, el 3.9% y el 3.7%, respectivamente). Ya en países como Brasil, Bolivia y Colombia, el número de personas con 15 años y más que no saben leer ni escribir es casi 14 veces mayor que el número de personas de 15 a 24 años. La disminución de los índices de analfabetismo de la población joven en la región está relacionada, entre otros aspectos, a los avances de la democratización del acceso a la educación escolar y a la expansión de los sistemas educativos, como también, al establecimiento de marcos normativos que expanden la escolaridad obligatoria. Sin embargo, la persistencia de un número significativo de personas adultas analfabetas da una dimensión del desafío de las políticas educativas de garantizar el derecho a la educación para todos y de medir esta enorme deuda social producida a lo largo de muchos años. En relación a la democratización del acceso a la educación escolar y su impacto sobre la disminución de la tasa de analfabetismo joven, resaltamos que el 91,3% de las personas de 15 a 19 años concluyeron la educación primaria en la región. Sin embargo, todavía existen en toda América Latina 4.5 millones de personas entre 15 y 19 años que no completaron la educación primaria, de las cuales el 42,9% de este total son jóvenes de Brasil y de México - los dos países más poblados de la región. También llama la atención un grupo de países que está más alejado de poder garantizar la conclusión de la educación primaria: El Salvador, Nicaragua, Honduras y Guatemala. Estos datos demuestran que aunque todos los países hayan establecido como mínimo la obligatoriedad de la educación primaria en sus leyes, todavía no se concretó la universalización de la conclusión de este nivel educacional de toda la población latinoamericana. Vale resaltar que, con excepción de Panamá, Surinam, Guatemala y Honduras, todos los demás países consideran la baja secundaria como obligatoria en sus legislaciones. Sin embargo, considerando a la región como un todo, el 71.1% de la población entre 20 y 24 años no concluyó este nivel de escolaridad, lo que equivale a 14.2 millones de personas en el grupo por edad. Si consideramos a toda la población con más de 20 años, esta tasa asciende al 49.8%, lo que equivale a más de 159 millones de personas que no concluyeron la baja secundaria, señalando un desafío importante para las políticas educacionales de jóvenes y adultos. El analfabetismo está muy vinculado a la situación de pobreza y a las desigualdades sociales. Los segmentos más vulnerables de la población son los que experimentan los mayores niveles de exclusión, incluyéndose la falta de posibilidad de ingresar y mantenerse en procesos educativos. Los déficits educacionales son parte de una estructura social de marginalización sistemática de determinados grupos de la población y, en este sentido, la educación no ha sido capaz de ayudar a compensar otras desigualdades sociales y sí contribuye a reproducirlas. Ubicación geográfica La población rural está en constante desventaja en relación a la proporción de personas que logra concluir los diferentes niveles de enseñanza. Se observa, por ejemplo, que en Nicaragua el porcentaje de personas residentes en zonas urbanas que concluye la educación primaria duplica en relación al campo, es el 70% mayor en Guatemala y el 50% mayor en Honduras. Referencias: POCHMANN, M et al. (2004). Atlas da Exclusão Social: a Exclusão no Mundo. V.4. São Paulo: Cortez. Informe sobre Tendencias Sociales y Educativas en América Latina, Proyecto SITEAL 2006. Situación Educativa de América Latina y el Caribe: garantizando la Educación de Calidad para Todos, Unesco 2007. |
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