“La educación es más que un derecho, es un principio ético, que es transversal a todo”

Gustavo Marín, activista chileno que acompañó el proceso de elaboración del documento Otro futuro es posible, concedió una entrevista dónde explica cómo se organizó la sociedad civil para dedicarse a ese trabajo y cuáles los desafíos de esa actuación conjunta

En la ocasión de la Río+20, Grupos de Trabajo (GTs) temáticos de la Cumbre de los Pueblos presentaron Otro futuro es posible, documento alternativo a la propuesta oficial para el desarrollo sostenible que las delegaciones de los Estados pactaron entre los días 20 y 22/6. Gustavo Marín, chileno e integrante del Foro por una Nueva Gobernanza Mundial y de la Asamblea Ciudadana Cono Sur, acompañó todo el proceso de elaboración del documento, y concedió una entrevista dónde explica cómo se organizó la sociedad civil para dedicarse a ese trabajo y cuáles son los principales desafíos para que se de seguimiento a la actuación conjunta entre redes y movimientos sociales de todo el mundo, en pro de la justicia social y ambiental.

¿Cómo ha sido el proceso de elaboración colectiva del documento Otro futuro es posible?  

El documento tiene el título Otro futuro es posible. De partida, le pusimos ese título porque, por una parte, quisimos hacer un paralelo con la gran consigna de los foros sociales mundiales, que es “otro mundo es posible”, y también en contraposición al documento de las Naciones Unidas, titulado El futuro que queremos. Entonces, para decir que ese futuro, no lo queremos, decimos que otro futuro es posible. Ese documento además tiene algo singular. Primero, es claramente un documento colectivo porque hay por lo menos más de 100 personas que los escribieron. Además, reúne los trabajos de 21 grupos temáticos, que empezaron a trabajar desde el año pasado. Algunos de ellos muy grandes y muy organizados, como por ejemplo el grupo temático de educación, que agrega varias redes sobre educación de América Latina y de otras partes de mundo, que han participado de muchos otros eventos respecto a la educación y a la construcción de la nueva ciudadanía. Hicimos un esfuerzo de construir un pensamiento común, o pensamientos comunes, que fueran contundentes, con propuestas, no sólo análisis.

¿Cómo ha sido posible crear pensamientos comunes a partir de tamaña diversidad de redes, grupos y personas participando en la construcción del documento?

Conscientes del principio de los Foros Sociales Mundiales, de que no hay que tener declaraciones finales, decimos que no se trata de un documento final, pero sí de un documento. Pedimos a todos/as los facilitadores/as de los grupos temáticos que estuvieron reunidos en Porto Alegre [en el Foro Social Temático], en enero de este año, que presentaran sus documentos con propuestas. Para evitar la dispersión, creamos ejes temáticos: la cuestión ética, la cuestión económica, la cuestión política, y la cuestión de los territorios. En junio del año pasado, hicimos la primera reunión de los grupos que se iban a preparar para la Cumbre de los Pueblos. Cuando llegamos a Porto Alegre y reunimos los documentos de 21 grupos de trabajo, los reagrupamos en torno a cada uno de estos polos temáticos. Entonces, en el pilar de las cuestiones éticas, agrupamos los trabajos sobre el buen vivir, sobre la madre tierra y sobre la educación. Eso porque en nuestra visión la educación es más que un derecho, es un principio ético, que es transversal a todo. Porque cuándo se cambia la educación, se trata de transformar el mundo, entonces la ponemos en el primero pilar.

En las cuestiones políticas, logramos hacer algo, pero no lo completamos. Nos faltó trabajar la construcción de una propuesta de gobernanza mundial, no sólo desde el punto de vista institucional y de la orden, sino que desde la perspectiva social, democrática y de los propios movimientos sociales.

¿De qué manera los movimientos de la juventud, organizada a través de las redes sociales, y movilizada en campamentos alrededor del mundo, se insertan en ese nuevo contexto de gobernanza?

En Porto Alegre, nos ocurrió invitar a los integrantes de Ocuppy Wall Street, de los Indignados, de la Primavera Árabe, y del movimiento de estudiantes de Chile. Pero no logramos una vinculación mayor entre ellos. Les pedimos que nos enviaran documentos para que trabajásemos en conjunto. La dificultad ha sido que tales movimientos no tienen representación. Tienen un sitio web muy rico, pero no un documento que sirva de unidad al conjunto. Los y las estudiantes de Chile tienen un pensamiento muy desarrollado sobre el tema de educación, de política, de economía, pero no tienen una sola persona que hable en nombre del grupo. Hay que buscar formas de recoger la voz de eses nuevos actores sociales y también de otros que son menos conocidos, pero igualmente importantes, que se manifiestan en las redes sociales, en los barrios, incluso en esa misma Cumbre, dónde hay un caos creador.

La falta de representación en eses grupos está basada en el respecto a la diversidad. ¿Cómo los Grupos de Trabajo (GTs) fundamentaron este principio en la producción colectiva del documento?

La participación en los GTs era libre. El Grupo de Apoyo al Foro Social Mundial (GRAP), hizo un llamamiento al Consejo Internacional [del Foro] que convocó las reuniones preparatorias a la Cumbre de los Pueblos; todas las personas que quisieran contribuir con los grupos temáticos podrían hacerlo. Nosotros podríamos haber sido 30 o 40 grupos, o más. La participación estaba abierta a todos/as. Lo único que pedimos era que estuvieran representadas varias redes, que el grupo fuese lo más diverso culturalmente posible, o sea, formado por varias culturas y varios idiomas, y que trabajara no sólo análisis, pero también propuestas.

¿Cuáles son las dificultades en reunir diferentes redes y movimientos sociales en torno a propuestas comunes?

Mira un ejemplo. En Porto Alegre, yo estuve con algunos integrantes del movimiento de estudiantes de Chile, que incluso enfrentó debates públicos con ministros de la Educación. Los y las estudiantes de Chile, cuando hacen reuniones, lo hacen con el propósito de planificar una acción. Entonces, cuando los invité a la Cumbre de los Pueblos, dijeron que no vendrían porque la metodología muy dispersa y fragmentada no les motiva. En esa Cumbre, la idea metodológica era de que de las actividades autogestionadas aportasen propuestas a las Plenarias, para al final debatirse en la Asamblea de los Pueblos. Pero no hubo una metodología capaz de confluir todas las propuestas generadas en esas actividades a la Plenaria.

¿Cómo garantir la participación ciudadana? ¿Es posible hacerlo sin que se cambie la política y la economía?

Uno de los desafíos de los movimientos sociales y también de esa Cumbre sigue siendo la fragmentación. Todavía no se encontraron espacios comunicantes entre los distintos ejes, los distintos actores, entre diversos lenguajes. ¿Cómo asegurar esa diversidad, esa complejidad, dónde la educación está conectada con la necesidad de transformación económica, y con la necesidad de reformar el sistema político, al mismo tiempo repensando nuevos valores y principios éticos que debemos llevar adelante? Es muy difícil hacerlo, porque cuando empezamos nos encontramos con determinadas cuestiones que a veces nos dividen más que nos mueven. Pero, ante la inactividad de los regímenes públicos y estatales, y de las Naciones Unidas, recae en la ciudadanía la responsabilidad. Y actuar como ciudadano/a todavía es muy difícil para nosotros/as.

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