En entrevista, Nalu Faria, sicóloga e integrante de la coordinación nacional de la Marcha Mundial de las Mujeres (MMM), afirma que la discriminación de género en las escuelas aún es fuerte y comienza por el idioma
1. A pesar de los avances en relación a la matricula de niñas y mujeres en las escuelas de Latinoamérica y el Caribe ¿todavía hay discriminación de género en los sistemas educativos de la región? ¿Cómo se manifiesta?
La discriminación de género en la educación aún es fuerte, tanto desde el punto de vista de los contenidos de la educación, se tomamos, por ejemplo, los cuentos, si pensamos en la literatura, cualquier aspecto, como también en el trato de niñas y niños. Existen todavía muy pocos estudios sobre cómo la educación reproduce las desigualdades de género, pero algunas cosas son visibles.
Inclusive en el tema del idioma, en el caso de Brasil, mi país, el portugués. Me parece absurdo que las escuelas, que tienen más o menos el 50% de niños y el 50% de niñas, sigan usando “nombre del alumno” cuando se trata de niñas. Observamos que los/as niños/as pequeños/as tienen mucha noción de la diferencia sexual, ellos se autoafirman diciendo “soy un niño”, ellas diciendo “soy una niña”. Es difícil para las niñas que todo el tiempo se refieran o les digan “alumno”. Lo mismo en relación a las madres y padres, hasta el día de hoy en Brasil se dice reuniones de padres. Se les da este trato cotidiano y no se resaltan los aspectos positivos de las niñas.
Hay varias discriminaciones en este sentido, que después vuelven a darse en el mercado de trabajo y en los contenidos de las profesiones. ¿Cuál es el contenido de las facultades de salud, de medicina, como se percibe a las mujeres? Son elementos que deben ser revistos, la educación diferenciada todavía es muy natural, uno no se da cuenta que es algo que puede modificarse, algo construido socialmente.
2. En tu trayectoria educativa, ¿le hiciste frente a algún obstáculo en relación a tu derecho a la educación?
A varios. Siempre cuento que la primera vez que descubrí que era discriminada por ser mujer estaba en lo que hoy es el sexto grado. Durante la dictadura, había elecciones de gremios por clase. Yo vivía en una ciudad pequeña, en esa época habían muchos adultos en la secundaria, y en mi clase habían dos soldados. Uno de ellos tenía 27 años. Cuando se hizo la elección del gremio, fui electa presidenta, durante la clase de portugués, y la profesora dijo: “no, tú vas a ser la secretaria y él el presidente”. No tuve valor de decirle “no”. Y fue peor después porque el presidente no hacía nada, yo hacía era la que cumplía con sus obligaciones, porque creía y quería que el gremio funcionara.
Siempre cuento que esa fue mi primera discriminación de género, ya había sido discriminada antes, después me di cuenta, pero esa fue la primera vez en que me sentí penada por ser mujer, porque ella no tuvo otro argumento, yo fui la más votada. Esa situación fue difícil.
3. ¿Qué recomendaciones le haría a los Estados en relación a la promoción de una educación no sexista y no discriminatoria?
Hay varias cosas, como medidas de modificación del currículo, modificación en la formación de profesores y profesoras, equilibrio de género en varias áreas. Porque la educación continúa eternizando la división sexual del trabajo, en que las profesoras se concentran en la educación primaria y los profesores en la educación secundaria y, mucho más en la universitaria. Ese es un tema que demanda medidas de acción afirmativa para que haya otro equilibrio en el ejercicio de la profesión.
